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Yo no explico, y a mucha honra

Lo que debería de haber sido mi píldora en InnoBar Gran Canaria y no fue.

 

Soy Nacho Santa-María Megía, profesor de matemáticas de secundaria, es decir, soy el enemigo. Pero yo no enseño matemáticas, yo enseño a pensar usando las matemáticas de excusa (topicazo).

La principal crítica que me hacen los alumnos es que no explico y yo les doy las gracias, pues me honra ese comentario (además de conseguirme estupendas tutorías con los padres para explicarles – valga la redundancia – el porqué).

Como decía en el resumen de este artículo, cuando presenté mi píldora en InnoBar Gran Canaria no me quedé satisfecho, sentí que me faltó algo (un ejemplo). Fue unos días más tarde yendo con mi hijo de año y medio en el coche, cuando al oírle decir en un semáforo –“¡rojo, cuidado!” y, posteriormente, –“¡verde, vamos!” cuando se me ocurrió (las exclamaciones son por que mi hijo es así de apasionado).

¿Cómo le explicarías a un niño pequeño el funcionamiento de un semáforo?

La respuesta más habitual es:

- Cuando está en verde se puede pasar, en ámbar hay que tener cuidado y si está rojo hay que detenerse.

Yo no lo explicaría, yo haría lo siguiente:

  • Pondría al niño a observar el semáforo durante tres minutos y después le pediría que él me contara el funcionamiento del semáforo.

  • Lo ideal es que me contestara –“Cuando está en verde, los coches pasan, cuando está en rojo, los coches se paran y si está ámbar, aceleran para pasar o frenan porque se va a poner en rojo.”

  • Lo habitual es que el niño contestara –“Me he fijado en que han pasado un BMW azul, un Citröen Cactus y una moto enorme que hacía mucho ruido.” En cuyo caso, le insistiría en que se fije en el S E M A F O R O y le pondría otros tres minutos.

  • Ahora, pudiera ser que contestara el ideal de antes o que diga –“El semáforo se pone verde, luego ámbar y luego rojo; después vuelta a empezar.” En este caso, le felicitaría por sus hallazgos y le animaría a fijarse, además, en el tráfico.

  • Si el niño aún no consigue dar con ello, le animaría a fijarse en la circulación cuando el semáforo está verde y que lo compare con el tráfico cuando está en rojo.

  • En última instancia, si después de todos estos intentos por conseguir que el niño averigüe por sus propios medios el funcionamiento del semáforo, le acabaría por decir –“¡Mira niño!, cuando se pone verde, se puede pasar; si está en rojo, no se puede pasar; y si está en ámbar, ten cuidado que se va a poner rojo.”

Y así es como yo no explicaría el funcionamiento de un semáforo.

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